Casi todo lo que sale mal en una cita se podía haber visto en la primera llamada. Por eso no la despachamos en treinta segundos.
Qué preguntamos
Si es la primera vez. Cuánto rato tienes. Si vienes de trabajar o de cenar. Si prefieres hablar o no hablar. Ninguna es una prueba: son las que nos dicen a qué ático mandarte y con quién vas a estar cómodo.
Qué no preguntamos
Tu nombre real, a qué te dedicas, dónde vives. No hacen falta para nada y lo que no se pregunta no se puede filtrar.
Lo que te contamos nosotras
Quién está de verdad ese día — no quién sale en la web —, cuánto cuesta cada franja y qué pasa si llegas tarde. Sin letra pequeña: si algo no lo hacemos, lo decimos ahí.